17 junio 2008

La mencía de Doña Orosia

Hace ya unas semanas desde Elcatavinos y Vinogusto lanzaban el primer certamen de escritores noveles, en su momento me hacía eco en este blog: Certamen escritores noveles, y que precisamente ayer hacían públicos los resultados, podeis ver los premiados en ambas páginas web.
Por supuesto, no he quedado entre los tres primeros, será que soy de ciencias pero he de decir que participé con un artículo, mejor o peor, pero que fué escrito en momentos muy dificiles para mí debido al fallecimiento de mi abuela y que imbuido por las circustancias y por recuerdos impagables creí oportuno redactar, dentro del escaso límite de 700 palabras, unos instantes vinculados al vino que por suerte y por la desgracia del momento sentía de forma muy intensa y me sentía de alguna forma obligado con ese artículo, y por qué no decirlo con la posibilidad de ganar el premio, de rendir un mericidisimo homenaje a mi querida abuela.
Os dejo las líneas que escribí bajo el título: La mencía de Doña Orosia


"En las mañanas del mes de Septiembre, o a principios de Octubre a lo sumo, eran fechas de vendimia. Días de observar el cielo y pedir que no aparecieran lluvias en el último momento, y de fijarse en aquellas lunas dibujadas entre las distintas semanas del viejo calendario y que no sabía el motivo por el que eran de vital importancia.
Por aquel entonces, no atisbaba el valor de todo aquello, para mí era simplemente un juego. Eran días de fin de semana, o de vacaciones escolares tal vez, que entre imaginarios vaqueros e indios y partidos de fútbol, comenzaban temprano y con el canto de un gallo de fondo que se encargaba de recordarte que en pocos minutos se salía hacia “A Ribeira”.
Era cuestión de tiempo y de pocos kilómetros pasar del respingo causado, por el aquel entonces insolente animal, a observar la inmensidad del cañón del río Sil, del viñedo y sentirte pequeño e insignificante pero al mismo tiempo privilegiado, rodeado de un imperturbable silencio que ahora con el paso de los años valoras y por aquel entonces jugabas a romperlo.
Recibías con los ojos como platos una lección de los adultos, en escasos minutos, de cómo con tu pequeña pero afilada navaja prestada, dar un rápido y eficaz corte a los racimos en la forma adecuada o más bien, menos perjudicial. A continuación te esperaban cientos de cepas y agrestes paredes que conformaban aquellos escalones propios de una escalera para el mismísimo Zeus y que parecían más preocupados de dificultarte el trabajo que de realizar su labor de contención.


Pero ello no era impedimento para que poco a poco, vendimiaras un racimo tras otro, y si era necesario bajaras hasta el último peldaño y llenaras la vasija con agua directamente del río que si te descuidabas, podía hacer desaparecer alguna hilera de cepas como venganza por romper su merecido descanso entre meandro y meandro. Y pensabas: ¿se atrevió en su día a discutir con los romanos? ¿era tan osado por aquel entonces?. Y de repente, tu vista se dirigía hacia unos extraños cables que descendían y se sumergían en el agua, y con inocencia preguntabas, pero no entendías porqué, algunos se llevaban las uvas en barca. Con el paso del tiempo tu espalda sí que lo entendería.
Recuerdo las gigantescas rocas, enormes, dispersas entre las cepas, que además de otorgar majestuosidad servían al mediodía, una vez escaladas, como improvisado salón, para abrir el menú preparado por Dña. Orosia: jamón, vino de la anterior añada, pan y chorizos elaborados por ella misma, y de postre nada, para qué, si lo teníamos delante y sin límites: uvas y más uvas y todo ello aderezado con la peculiar y permanente preocupación que tenía siempre Dña. Orosia, siempre preocupada por todos nosotros, sus nietos.
Después con el paso de las semanas aquella pequeña bodega se convertía en un hervidero de sensaciones y de olores, de esos aromas precisamente que a veces me preguntan que como es eso de que un vino posea aroma a bodega, lo sé, es difícil de explicar, pero esos aromas existen y los llevo en mi memoria, no puedo explicarlos y aunque pudiera no lo haría, no quiero, son míos.
Recuerdo nítidamente aquellas grandes barricas de madera. Para mí, entonces, eran enormes y sin el halo de modernidad que nos embauca hoy en día: de que sí roble francés, americano, barrica nueva, barrica usada,... doy fe que no seguían la moda actual, eran las mismas barricas de siempre, eran barricas usadas una y otra vez, con aquellos grifos de madera y las grandes bocas rectangulares en su cima por donde se vigilaba el vino y por donde para clarificar se introducían las claras de huevo. Esos mismos grifos a los que ibas a buscar un jarra de vino, hoy en día sería decantado, y donde lo más importante era asegurarse de que el grifo quedaba cerrado, bien cerrado, y no se perdiera ni una gota de aquel vino, que parecía estar elaborado no a partir de mosto sino, y lo estaba, a partir de sudor y esfuerzo. Que contradicción.
¿Pasión por el vino? Sí. No puedo negarlo, ni quiero, ni debo. Sería traición."

La foto del Cañón del Río Sil pertenece a yoop_ en flickr: http://www.flickr.com/photos/yoop/

6 comentarios:

José Luis Giménez dijo...

Me has recordado que también fue mi abuela la que me enseñó, siendo bien pequeño, cómo utilizar la navaja para cortar los racimos de uva. Una navaja pequeña y fina, que algunos llaman estilete y ella llamaba verduguillo (palabra esta con fuerte componente histórico).
Con ella pisé mis primeros huertos y viñedos navaja y verduguillo en mano.
Saludos,
Jose

Carlos Rodriguez. dijo...

Hola José Luis, me alegro que estas lineas sirvan para traerte buenos recuerdos.
Curioso nombre el de verduguillo.
Saludos

Jose luis Louzan dijo...

Verduguillo es como se conoce al cuchillo con el que se remata a los toros en la plaza cuando fallan espada y descabello.

A parte de esto, bonito relato Carlos. Las tima que no quedase mas arriba en ese concurso.

Otra cosa. ¿Te suena Adegas do Moucho? Es un Ribeiro muy escaso pero ¿lo conoces? si es asi ¿que opinion te merece?

Carlos Rodriguez. dijo...

Gracias José Luis. La verdad que tenia muchas esperanzas puestas en estas líneas pero..
Por cierto, mira que pones en aprietos ultimamente, jeje: No conozco Adegas Moucho ni he probado nada de ellos, lo siento.
Saludos
Carlos

Jose luis Louzan dijo...

Me lo van a dejar para probar. Y un Godello y Treixadura de nombre Fragas do Lecer monterrei y un albariño señorio de Valei

Carlos Rodriguez. dijo...

Ya nos contaras en tu blog que tal.
Saludos
pd: tampoco los conozco