11 enero 2009

Tres Reyes y un paje

Por fin, llegaron los Reyes Magos acompañados de un paje a casa y no, no me refiero ni a Melchor, ni a Gaspar ni a Baltasar ni a cualquiera de sus múltiples secuaces. En esta ocasión los 4 personajes ya estaban en casa esperando la ocasión de presentarse en la mesa. Alguno de ellos ya se había ganado la virtud de la paciencia reposando en bodega durante varios años simplemente esperando una oportunidad como esta, otro se había añadido recientemente aunque ya era conocido por dicha mesa y algún comensal, el más “fizzy” era conocido sólo de oídas y su presencia también era reciente y esperada, y por último, algo parecido le ocurría al paje, pero este último con la peculiaridad de ser el más distinto y el más lejano de los cuatro, proveniente de las altas montañas de América Central donde se superan las nubes para poder reposar en silencio.
Como para los niños, para cada uno de nosotros en cada momento hay un Rey Mago que depende de la situación, el lugar y muchas veces del ánimo propio. Para mí, esa cena de Reyes implicaba muchas cosas, entre otras, por ejemplo, y después de tanto tiempo sería un momento perfecto para abrir un Contino Viña del Olivo 2001, que era precisamente el vino que se había ganado la virtud de la paciencia ya que llevaba algunos años, simplemente, esperando la circunstancia perfecta. Un gran vino siempre se merece disfrutarlo en compañía, en pequeña y escogida compañía. Soberbio.
Pero mientras llegaba el protagonismo del Contino Viña del Olivo 2001, me pareció que no estaría mal comenzar la velada con aquel vino que ya había pasado por nuestra mesa en una ocasión aunque en una añada anterior, Pe Redondo 2005 en Roco&Wines, y que sorprendió de forma unánime en aquella ocasión y que además serviría para darse a conocer a quién, en esa noche de Reyes no lo conocía, se trataba de un Martín Codax Pé Redondo Lías 2006. Un gran blanco, propio más de bodegas pequeñas que de una de las grandes de la denominación. A veces las gratas sorpresas están más cerca de lo que uno piensa.
El Rey burbujas, como no, provenía de Francia. Hacía tiempo que había oído hablar y mucho, de Pierre Peters y hace unos meses añadí una botella de Pierre Peters Blanc de Blancs Millésime 1998 a la bodega para constatar toda esa estupenda crítica recibida. Gustó y sorprendió gratamente.
El paje, por llamarlo de alguna forma (más que nada por no ser vino) se trató de un soberbio Ron Zacapa Centenario Sistema Solera nº23, que desde su Guatemala natal, entre montañas y nubes, sorprendió y gustó mucho a base de calidad y elegancia.
Sigamos el orden.


Debo confesar que es un orden muy clásico y nada arriesgado, pero eso lo dejo para otra ocasión y algún que otro comensal, ya que a lo dicho anteriormente de los grandes vinos y las compañías, también hay que decir que la selección de vinos hay que amoldarla a los comensales sin ningún género de dudas y dejar de lado lo que a uno le gustaría servir y apostar por buscar lo que mejor puedes ofrecer y más podrá gustar.
El Martín Codax Pé Redondo Lías 2006 es un vino que debe su nombre a la finca de la cuál proviene “Pé Redondo” y se elabora mediante crianza sobre doble lías y 2 meses de removido o batonage y posterior crianza de 10 meses en inox sobre lías en reposo.
Las sensaciones que nos proporcionó a la vista fueron de untuosidad bajo un vestido de color dorado pajizo verdoso.
El olfato se ve impregnado de mucha fruta blanca y de hueso de fruta, acompañada de una fina elegancia y estupenda frescura.
El gusto se sorprende con la untuosidad comedida, aparece de nuevo la fruta blanca, acompañada incluso por suave melocotón y el final, el final es muy largo. El conjunto en boca es muy sabroso.

Un estupendo vino, redondo y elegante, y muy disfrutable. Absolutamente recomendable y a un precio de regalo de Reyes.
Antes de lo previsto, la culpa de ello la tuvo el “Pé Redondo” y su facilidad para acabarse, apareció el Contino Viña del Olivo 2001. Poco voy a comentar de Viñedos del Contino y de su Viña del Olivo, elaborado con 90% Tempranillo y 10% Graciano, del que salieron en esa añada 2001 algo menos de 28000 botellas al mercado.
El resultado ya desde los primeros minutos, fue de un magnífico vino, estupendo sin ningún género de dudas. Mientras, alguno bromeaba, con algún comentario como “se deja beber”, decíamos como podríamos describirlo de la forma más breve, yo comenté que sólo se me ocurría algo como “puro equilibrio y elegancia”. Y creo que define muy bien las sensaciones que nos dejó este vino, todos los matices que estaban presentes lo estaban de forma equilibrada, sin ninguna exageración, sin pedir protagonismo ninguno de ellos.
La copa se llena de un cereza oscuro, de capa media alta pero mezcla de potencia y finura. Un precioso color.
En nariz nos ofrece fruta madura elegante, con profundidad e intensidad mezclada con cierta golosidad proporcionada por notas de cacao. La fruta es predominantemente cerezas y grosellas. Los tostados y los ahumados son magníficos, están pero absolutamente discretos y muy equilibrados.
En boca los taninos están pulidos, y resultan golosos y muy sabrosos. Es de nuevo la fruta la protagonista pero esta vez además surgen fresas y frambuesas. Resulta un conjunto sabroso, largo, intenso y elegante, dejo el bolígrafo y ya me niego a escribir más, ya está todo dicho. Un magnífico y estupendo vino. Soberbio.

Por último, de los vinos, nuestro amigo francés Pierre Peters Blanc de Blancs Millésime 1998 nos hizo disfrutar de un estupendo champagne con unas claras notas frutales lejos de los últimos champagnes disfrutados.
En copa posee un color amarillo dorado intenso con burbuja muy fina y muy persistente.
En nariz surge la fruta blanca, y tanto, sobre todo manzana por doquier. Resulta una nariz intensa, fresca, floral e incluso con toques a naranja.
En boca de nuevo frescura. Resulta suave, largo y elegante. El carbónico está absolutamente integrado. De nuevo la manzana, con diferencia el rasgo mas distintivo de este champagne e incluso surge alguna nota de naranja amarga.

Un estupendo champagne, con notas distintivas y propias que puede ser perfecto acompañamiento en muchas ocasiones y platos.
Por último y dejando de lado los reyes vínicos de esa noche (otra serán otros) apareció el paje, Ron Zacapa Centenario Sistema Solera nº23. Como indican: “de mieles vírgenes añejados en altura”. Hay varias cosas que me llaman la atención de este ron, por un lado el sistema de solera de rones añejados entre 6 y 23 años y el uso de barricas que han contenido Bourbons, Jerez y Pedro Ximenez y por otro, la altitud de 2300 metros donde se ubica la bodega.
Es un ron de color tostado cobrizo con algún matiz rojizo muy llamativo, la nariz te adelanta la elegancia que tendrá en boca con suaves tostados, alcohol comedido y aporte de golosidad. En boca es elegante, sedoso, con sabrosos tostados y matices de vainilla y chocolate blanco, es muy largo y sabroso. Gran ron, de lo mejor que he probado nunca.

Así que cerramos aquí el capítulo de las últimas fiestas navideñas y comenzamos de nuevo el día a día, que seguro que traerá nuevos vinos y nuevas añadas que probar, beber y/o disfrutar.

2 comentarios:

Olaf dijo...

El Olivo ese 2001 debe de estar cojonudo ahora mismo. Enhorabuena por la visita de los 3 reyes y el paje, suena a una velada de lo mas interesante.
Saludos

Olaf

Carlos Rodriguez dijo...

Hola Olaf, el Olivo estaba impresionante, increible muy muy rico. La verdad que fué un acierto guardarlo y abrirlo a estas alturas.
Por el resto fue una gran velada.
Saludos
Carlos