27 septiembre 2010

Clos de los Siete 2007

o una clase de geografía, podría titularse este post. Casi lo de menos es el vino en sí, del que comentaré las impresiones que me dejó hace ya un par de semanas, dejaré de lado detalles del proyecto, de la elaboración, etc que en este caso creo que es lo de menos.
Prefiero que me sirva de cerilla para encender un fuego mayor. Es un vino elaborado, participado o, más bien, asesorado por Michel Rolland, el conocido winemaker.
Podriamos comenzar el debate, ya realizado y ya cansino, de este tipo de asesores versus el elaborador tradicional lejos de este tipo de figuras o personajes. Un asesor siempre será eso un consejero de como hacer una tarea según unas pautas que considera las adecuadas. Un buen elaborador también es su propio asesor pero la diferencia radica en que conoce a la perfección y de primera mano todos los detalles. Lo que sirve en Burdeos, no tiene por qué servir para Rioja, ni para Ribeira Sacra, ni para Mendoza, ni para ningún sitio.

Ese es el mayor inconveniente de este tipo de asesoramientos, se convierten en una clase de geografía, es decir, es muy dificil determinar el origen del vino, ya que puedes ubicarlo en múltiples lugares del mundo, lo cuál es una interesante clase de geografía pero no de enología.

Este Clos de los Siete 2007 es un ejemplo de esto último. No es mal vino, no es un gran vino, simplemente dejémoslo en un término medio.

Se presenta con capa alta, con ribete granate oscuro.
En nariz prevalecen los tostados, surge regaliz, balsámicos, especiados, fruta madura mayoritariamente cereza.
En boca el tanino está ya bastante pulido, aparecen ciruelas, el final es algo cálido, es un vino carnoso, largo, de nuevo la madera y posee cierta potencia. El tiempo, los minutos reducen esa calidez comentada, pero sigue mostrándose algo secante en boca. En conjunto es un vino que no destaca ni por nada bueno ni por nada malo, que no es poco.

Lo triste, es que sin conocer que es de Mendoza, Argentina y que tiene un coupage a base de 48% malbec, 28% merlot, 12% cabernet sauvignon y 12% de syrah sería muy dificil ubicarlo y, por otro lado sería fácil encorsetarlo en muchos lugares. Sigue un patrón demasiado estandar. Y si tienes dudas del origen y ves su etiqueta en francés e inglés que no hace más que apoyar mi teoría de universalización que tanto gusta en vinos como este.
Prefiero, sin duda, el elaborador empeñado en que sus vinos demuestren su origen, su terruño, su caracter y sean orgullosos, independientemente de que gusten o no a todo el mundo. Además es algo que desde pequeños siempre nos enseñan ¿no?: hijo mío, no se puede intentar gustar (o agradar) a todo el mundo, se tu mismo. Pues con el vino, ocurre lo mismo pero multiplicado por mil.

9 comentarios:

Mariano dijo...

Hola Carlos,

Interesante debate el que abres.

Mis gustos en el vino han ido cambiando, y posiblemente lo seguirán haciendo. A veces con criterio, a veces sin ninguno en absoluto. Sin embargo mi constante siempre ha sido que, la mayor virtud en un vino es que pueda expresar de dónde viene.

Si el producto de Rolland efectivamente carece de identidad hasta ese punto, quizás haya triunfado como asesor de marketing o creador de marcas, pero, en mi humilde opinión, como enólogo ha fracasado de forma estrepitosa.

Saludos,

SIBARITASTUR dijo...

El debate tiene bemoles. A nivel particular prefiero como Mariano lo reflejado en tu último párrafo.
Pero no nos olvidemos que el negocio del vino (en general) esta por encima de las cosas "éticas" o "románticas" que nos importan a muy pocos, importa el dinero por encima de todo lo demas y Michell Rolland es "otra marca" que vende vinos.
No me parece malo a priori siempre y cuando el resultado final lo justifique, primero que el vino sea bueno o aceptable y luego que refleje todo lo que nos interesa.
No me voy a meter en castas autóctonas, naturalidad etc que son cosas valoro mucho, osea que lo dejo en esos dos primeros.
Y si aplicamos la crítica para un territorio determinado tambien pensariamos igual?, aquí tenemos un enólogo famoso (hay varios pero el que parece que destaca)Raúl Perez, a mi sus vinos me gustan pero tampoco se si son fruto de terruño etc, no tengo argumentos y/o conocimientos para ello.
O criticamos que hagan muchos vinos en sitios distintos, simplemente por eso?, porque enólogos hay muchos en varios sitios haciendo vinos sin ser conocidos, bodegas a miles.
Entonces que criticamos, la ausencia de autenticidad o bien que haya algien famoso haciendo vinos por encargo?, yo me quedo con la primera.
menudo rollo he soltado y no se si me he expliacdo bien

Mariano dijo...

Jorge,

Yo creo que estamos de acuerdo en que, al menos hasta ahora, Raúl ha representado todo lo contrario.

Sus vinos pueden gustar o no, pero queda claro que lo que busca es la exaltación de lo autóctono.

¿Por qué sino ese empeño en las variedades de la zona(mencía, prieto picudo, caiños, loureiros, bastardos, merenzaos, albillos, garnachas de Madrid...)?. todavía no he visto que se le diera por plantar cabernet en el Bierzo o Syrah en Montes de Toledo. De hecho yo creo que su principal característica no es hacer supervinos elegantísimos y estructurados, sino precisamente sacar el máximo partido a lo que cada tierra puede dar.

El caso es que siendo como soy un catador mediocre, creo que podría distinguir a ciegas, el caiño que hace con Rodri, el Pecado que elabora con Pedro o el Bastardo en el que colabora con José Luis. Y esa virtud no es mía, sino suya.

Saludos,

SIBARITASTUR dijo...

Mariano, el hecho de trabajar con castas autóctonas no lleva implícito que se respeta el terruño, la variedad, que hay autenticidad, etc.
Yo creo que si lo hace pero no tenia datos suficientes para afirmarlo.

Carlos Rodriguez dijo...

Hola Mariano, Jorge.
Efectivamente es un debate, diria yo tedioso e incluso falto de una conclusión final. Ya que por un lado, cierto es que una bodega es una empresa y debe obtener beneficio, por ello marketing prima.
En sí, no es una labor (la de estos winemakers) que critique probablemente incluso hasta los envidio de forma sana, debe ser divertido y apasionante llevar múltiples proyectos vinícolas o al menos asesorarlos a lo largo del mundo o a lo largo de un país.
Lo que yo critico, o al menos, no estoy de acuerdo es intentar buscar unas características organolépticas iguales o muy similares independientemente del proyecto. Probablemente lo que se busca es una marca, un standar,un poner el nombre de fulanito o menganito en la etiqueta, es decir más marketing y más euros pero también se puede hacer de otra forma: tener un buen asesor, es plausible, pero debería amoldar sus conocimientos a intentar extraer lo máximo de la peculiaridad de cada uno de esos proyectos, zonas o variedades.
Una exageración:ni CocaCola hace la misma CocaCola para todos sus mercados.
Resumiendo, critico la labor de asesor vinicola tipo flywinemaker NO, critico intentar obtener mejores resultados utilizando una de estas figuras famosas NO, critico hacer vinos iguales independientemente de su origen SI.
pd: no voy a entrar a comentar casos particulares como Rolland (en este caso cuadró que este vino está asesorado por él) o en el de Raúl, ya que no los conozco personalmente y por tanto no estoy en tesitura de opinar más allá del concepto vínico comentado.
Saludos

Smiorgan dijo...

Desde mi gran incultura, me permito participar en el debate.
Si yo soy un bodeguero que contrato a un flying winemaker, lo que quiero son resultados, es decir, vender. Y el contratado sabe que, si quiere seguir siéndolo, debe ofrecer resultados, es decir, ventas. Entonces, las cuentas salen si se vuelve una y otra vez a una fórmula que ya se sabe que ha tenido éxito. El resto no importa tanto. La gran mayoría de compradores no va a fijarse en se si expresa el terruño o se muestran todas las propiedades de esa uva autócctona que se intenta recuperar. La gente quiere algo que le guste, y lo reconocible es más fácil que acabe gustando.
Ojo, no entendáis que defiendo esa postura, sólo digo que la puedo entender, aunque prefiera otra forma de hacer las cosas.
Saludos.

Carlos Rodriguez dijo...

Hols Smiorgan, comentas acertadamente a lo que me refería desde el punto de vista empresarial.
Pero, podría gustar también sin tener necesidad que recurrir a un estandar global, ¿o no?.
Es complicado, al final, priman los euros y eso con otras cosas más sentimentales choca de frente.
Pero, si no fuera por la gente que sigue defendiendo la particularidad imaginate que estariamos bebiendo a estas alturas, jaja.

Smiorgan dijo...

Carlos, por supuesto que hay cosas totalmente diferentes a lo habitual que no sólo pueden gustar, si no que de hecho a algunos nos encantan. Véase Tabaneras dentro de Ribera del Duero, Finca Teira en Ribeiro, etc.
Pero para el gran público, es mucho más fácil que si algo les recuerda a otra cosa que ya conocen y les ha gustado, lo nuevo les guste también.
Un ejemplo musical. A los que nos gusta mucho la música, sobre todo el jazz y la música progresiva, nos gusta encontrarnos con ritmos complejos y patrones que se salgan de los clásicos 4/4, 3/4 o 2/4. Pero es muy difícil seguir con el pie una canción en 9/4, así que la primera reacción del gran público es "que carajo es esto, si no tiene ni ritmo".
Pues igual. Mucha gente, si abre una botella de Ribera y no se encuentra los ahumados y especiados dominándolo todo, y unos taninos medio desbocados, puede preguntarse "que coño de vino es este".
No se si me explico.
Saludos.

Carlos Rodriguez dijo...

Smiorgan, te has explicado bien, bueno con lo de la música para los que somos no entendidos no tan bien, jaja.
Saludos